El otro día leí "las cosas importantes de la vida... no son cosas", y supongo, que él o la que lo escribiera habría sentido en algún momento lo que yo llevo sintiendo desde hace un tiempo. Sí, hablo de esa sensación de no saber explicar lo que realmente te llena... esa maravillosa sensación. Porque a veces, eso que tanto te llena viene metido en el detalle más insignificante para una persona que lo viera desde otra perspectiva a la mía. Y supongo que eso es lo que me ha ganado de tí, tu día a día, o lo que viene siendo lo mismo, mi día a día. Porque cuando empiezas a sentir algo tan grave para mí como echar de menos una sonrisa de esas que estás deseando encontrarte por la mañana (de esas que curan el mal despertar y se mojan en zumo de naranja), te das cuenta lo tremendamente increíble que es tenerte tan tan cerca. Si, esa sensación de que no podrías estar con nadie mejor. Después de todo, eres mucho más que una buena chica. Y aunque te lo diga ahora, llevo mucho tiempo pensándolo (o mejor dicho, sintiéndolo), pero como tú dices, algunas cosas no hace falta decirlas, aunque a veces no está de más escucharlas (o en este caso, leerlas).
jueves, 15 de octubre de 2009
El otro día leí "las cosas importantes de la vida... no son cosas", y supongo, que él o la que lo escribiera habría sentido en algún momento lo que yo llevo sintiendo desde hace un tiempo. Sí, hablo de esa sensación de no saber explicar lo que realmente te llena... esa maravillosa sensación. Porque a veces, eso que tanto te llena viene metido en el detalle más insignificante para una persona que lo viera desde otra perspectiva a la mía. Y supongo que eso es lo que me ha ganado de tí, tu día a día, o lo que viene siendo lo mismo, mi día a día. Porque cuando empiezas a sentir algo tan grave para mí como echar de menos una sonrisa de esas que estás deseando encontrarte por la mañana (de esas que curan el mal despertar y se mojan en zumo de naranja), te das cuenta lo tremendamente increíble que es tenerte tan tan cerca. Si, esa sensación de que no podrías estar con nadie mejor. Después de todo, eres mucho más que una buena chica. Y aunque te lo diga ahora, llevo mucho tiempo pensándolo (o mejor dicho, sintiéndolo), pero como tú dices, algunas cosas no hace falta decirlas, aunque a veces no está de más escucharlas (o en este caso, leerlas).
domingo, 27 de septiembre de 2009
Nerudeando

Dice.. ¿cómo se llama el pájaro amarillo que lleva limones a su nido? Em... ¿cómo se reparten el sol las naranjas en el naranjo? ¿Es el mismo fuego, quiero decir... es este el mismo sol de ayer o es otro fuego el fuego de su fuego? ¿Y cómo se llama ese cóctel que mezcla vodka con relámpagos? ¿Me lo puedes decir? Yo no lo sé tío... Parece ser que sólo lo sabía don Pablo.
domingo, 20 de septiembre de 2009
viernes, 11 de septiembre de 2009
S de Siempre

Siempre que me acuerdo de tí, me suele caer una lágrima, y tres segundos después te dedico una sonrisa. No suelo mojar mucho las pestañas, y me gusta que si lo hago, sea por algo realmente que merezca la pena. Una de mis teorías es que cuando lloras, limpias el alma, y que lo que cae por las mejillas tiene sabor salado porque lo realmente dulce que habita en el alma, está demasiado dentro de ella como para salir. A veces está bien llorar, como la sal en las comidas, en pequeñas dosis. A mí me hace sentir vivo, que aunque parece una tontería, en los tiempos de hoy en día, no suele sentirlo mucha gente muy a menudo. Está bien tener el alma limpia, a lo largo de la vida hay demasiadas cosas que no pueden habitar en el alma un periodo largo de tiempo, algunas hacen daño, otras sin embargo te hacen no mirar hacia delante, otras se pudren, otras crecen demasiado, otras pasan de ser saladas, a ser agrias... Y por otro lado, hay otras cosas, que siempre viajan contigo, y resulta curioso, que muchas veces a pesar de que sabes que las tienes, no eres capaz de explicarlas. Las sensaciones no se suelen poder explicar fácilmente, nisiquiera con palabras. Supongo que tú eres una de esas sensaciones, y aveces gritas, y otras me aconsejas, y en cambio en otras ocasiones me preguntas como está ella, y me dices que la cuide, que la quiera, que viva, y que me asegure de que sonría. Y la verdad, no sé porque, pero siempre me he sentido en deuda contigo, y es algo que me llevaré conmigo para los restos.
Hoy he vuelto a sentir tu sensación, hace un año dejamos de ver tu sonrisa, dejamos de sentir tus abrazos, y tus ganas de vivir. Si, son cosas que nunca van a volver, vale; pero realmente lo importante de todo no es que no vuelvan, sino que lo verdaderamente esencial es que son cosas que nunca se van a ir.
S de Sergio. S de Siempre.
sábado, 29 de agosto de 2009
All in
lunes, 24 de agosto de 2009
Pensión completa

Antes que nada, perdona si huele un poco a cerrado, hacía mucho tiempo que nadie se alojaba aquí, y menos aún con la intención de quedarse. Ábreme bien de puertas y ventanas. Que corra el aire, que entre tu luz, que pinten algo los colores, que a este azul se le suba el rojo, que hoy nos vamos a poner moraos.
Y hablando de ponerse, vete poniendo cómoda, que estás en tu casa. Yo, por mi parte, lo he dejado todo dispuesto para que no quieras mudarte ya más.
Puedes dejar tus cosas aquí, entre los años que te busqué y los que te pienso seguir encontrando. Los primeros están llenos de errores, los segundos, teñidos de ganas de no equivocarme otra vez.
El espacio es tan acogedor como me permite mi honestidad. Ni muy pequeño como para sentirse incómodo, ni demasiado grande como para meter mentiras.
Mis recuerdos, los dejé todos esparcidos por ahí, en cajas de zapatos gastados y cansados de merodear por vidas ajenas. No pises aún, que está fregado con lágrimas recientes, y podrías resbalar. Yo te aviso.
El interruptor general de corriente está conectado a cada una de tus sonrisas. Intenta administrarlas bien y no reírte demasiado a carcajadas, no vayas a fundirlo de sopetón.
No sé si te lo había comentado antes, pero la estufa la pones tú.
Y hablando del tema, he intentado que la temperatura del agua siempre estuviera a tu gusto, pero si de vez en cuando notas un jarro de agua fría, eso es que se me ha ido la mano con el calentador. Sal y vuelve a entrar pasados unos minutos. Discúlpame si es la única solución, es lo que tenemos los de la vieja escuela, que a estas alturas ya no nos fabrican ni los recambios.
Tampoco acaba de funcionarme bien la lavadora. Hay cosas del pasado que necesitarán más de un lavado, es inevitable. Y hay cosas del futuro que, como es normal, se acabarán gastando de tanto lavarlas. La recomendación, ensuciarse a su ritmo y en su grado justo. Eso sí, no te preocupes por lo que pase con las sábanas, que las mías lo aguantan todo.
Para acabar, te he dejado un baño de princesa, una cama de bella durmiente, un sofá de puta de lujo y algo de pollo hecho en la nevera. Para que los disfrutes a tu gusto, eso sí, siempre que sigas reservando el derecho de admisión.
Aquí no vienes a rendir cuentas, sino a rendirte tú. Aquí no vienes a competir con nadie, sino a compartirte a mí. Y lo de dar explicaciones, para el señor Stevenson.
El resto, no sé, supongo que está todo por hacer. Encontrarás que sobra algún tabique emocional, que falta alguna neurona por amueblar, y que echas de menos, sobre todo al principio, alguna reforma en fachada y estructura.
Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos.
Dime que intentaremos toda una vida, e iré encofrando mis nunca más.
domingo, 23 de agosto de 2009

-… Despertar y abrir la ventana con las montañas rocosas de British Columbia totalmente blancas junto al lago Louis de fondo. Notar cómo se me enfría la nariz de estar tanto rato quieto admirando el gran árbol del Rockefeller Center de un New York en pleno invierno, rodeado de decenas de brillantes miradas, como la mía, de niños que piden sus deseos. Pisar la blanca arena de playa Bávaro en Punta Cana. Despertar mi lado curioso mientras paseo con las manos en los bolsillos de mi viejo abrigo entre el mercadillo de Camden, en uno más de los grises días londinenses. Disfrutar de cada paso que doy por el Ganla Stan de Estocolmo. Hacer el típico paseo en góndola entre los canales de Venecia. Ver como cada vez se hace más intenso el rojo del atardecer de la Pampa argentina, sin ser consciente del tiempo que paso admirándolo. Cenar con la brillante torre Eiffel de fondo, en el mirador del Jules Verne en tu compañía…
- ¿Y por la noche?
- ... Por la noche… en las estrellas.

