Y es que a veces las palabras no son un medio, sino un fin en sí mismo. Como las rosas, que se deberían regalar siempre porque sí, quizá contemplaría alguna vez por un "Felicidades", y alguna otra por un "Gracias", pero no entenderé nunca las del "Perdóname" y las del "Lo siento". Porque desvirtúan bastante el verdadero significado, la verdadera razón, que es quién las recibe y por ello el verdadero mensaje tiene que centrarse en aquel. Pues con las palabras funciona igual, en este caso el fin eres tú, porque eres tú y nada más. Y por esa regla de tres, estas palabras son tuyas, aunque las escriba yo, porque sólo tienen significado porque son para ti. Como esas obras de arte que son más propiedad de la inspiración que las motivó que del propio pincel que las pintó, ¿me explico? Igual que lo que escribo. Hace tiempo que dejo de sentir las palabras mías y las siento más tuyas. Y no es un regalo, no me ha dado tiempo a que lo sea, porque desde que nacen en el papel son tuyas, hasta la tinta es del color de ese vestido azul que tan bien te queda, e incluso los surcos de las letras intentan imitar las curvas de tu cuerpo. Porque eres la razón, la inspiración, el significado y el fin de todo esto. Porque si no fuera por ti, no estaría escribiendo esto. Bueno, ni esto ni nada. Porque eres la única persona que me anima a volver a sentarme delante de un folio. Que me recuerda para qué escribía, y su verdadero valor. Así que simplemente, esto va por ti.
sábado 10 de marzo de 2012
sábado 5 de noviembre de 2011
¿Será verdad que al final la poesía salvará nuestras almas?
"Te miro a los ojos y me pregunto de qué color serán tus sueños,
si son rojos o amarillos o azules como los míos.
Te miro a los ojos y me pregunto hasta dónde llegará esto,
si es locura lo que siento o me siento loco dentro de ello.
Dime, dime si está mal lo que hago."
si son rojos o amarillos o azules como los míos.
Te miro a los ojos y me pregunto hasta dónde llegará esto,
si es locura lo que siento o me siento loco dentro de ello.
Dime, dime si está mal lo que hago."
viernes 7 de octubre de 2011
Explotar.
Así somos. Nos creemos menos humanos de lo que realmente somos. Que tenemos menos imperfecciones, menos inquietudes e incluso menos sentimientos de los que verdaderamente tenemos. Quizá sea el miedo a lo que se ve. Pero no por nosotros, sino por los demás. Me jugaría una cena en que el 95% de la gente esconde más de lo que muestra, incluso a los más cercanos. Bien por miedo a la acción-reacción, o peor, por asustarse de sí mismo.
Bueno, es algo que es respetable. Pero no recomendable, al menos en parte. Me refiero a la sensación de estar lleno de cosas que decir... al mundo, que decirse, o que decirle... a ella. Esa sensación que te hace soñar -como es mi caso, y más veces de las que me gustaría- que explotas. Que explotas por no saber como hacerlo, que es mucho peor que por no querer hacerlo. En mi caso, y sin razón, exploto de rabia, de ganas, de fuerza, y porqué no, de amor. Pero no es por los demás, igual ha llegado el momento en el que mi ego empuja y quiere hacerse hueco en el lugar que no le corresponde hipotéticamente.
Siento que podría correr durante horas, bailar entre copas y más copas, o proponerte algunas que otras guerras entre tus piernas. Pero termino siendo la mosca que no puede romper el cristal por muchos cabezazos que dé, y no es ni por ganas ni por fuerza. De hecho, siento que tengo la genialidad pero no el método, que tengo la calidad pero no la cualidad de reconducirla, que es en definitiva tener la potencia pero no saber utilizarla. Y eso me preocupa, tanto como tener la cartera vacía de dinero y de ambiciones, tanto como ver metas falsas en mis caminos, tanto como tener vacío el lado derecho de mi cama seis de cada siete noches, que se vuelven tan frías que hasta la soledad anda buscando compañía.
Quizá nos cansemos de crecer, de cambiar, de adaptarnos, de creer más en mitos que en personas, de que todos seamos burros que siguen su zanahoria. Quizá, quizá, quizá... da igual, sólo desvarío, sí yo no sé vivir, sólo soy un no-poeta que improvisa. Estoy supeditado a que el corazón mande sobre mí, y no al revés.
Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porqué no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta por eso ámala, se feliz y siempre sonríe, sólo vive intensamente. Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive.
sábado 30 de julio de 2011
Sí.

Tenéis que vivirlo, sí. Confiad en mí. No todos tenemos la suerte de conseguirlo, pero hay que intentarlo. Seréis otros sin dejar de ser los mismos. Y os advierto que os enamoraréis de quien os haga cambiar -a mejor o a peor-. De quien os vuelva otros. De quien eche por tierra todos vuestros principios -o que al menos os haga replantearlos totalmente-, todos vuestros “seguro”, “siempre” y “nunca jamás”. De quien os haga ser diferentes, eso que todos dicen que mola, eso que otros definer hacer sentir 'especial'. De quien os manipule sin dinero o votos de por medio, sin guantes blanco. Si puede ser, sin manos también, y que sea más con actos que con palabras. De quien os deje sin las palabras que siempre creísteis saber usar. Que os deje sin saber expresar lo que un día creíste diseccionar. De ella.
Entonces estaréis como este servidor, intentando expresar algo inexpresable soltando sílabas que forman palabras y líneas borrosas a lo largo de un fondo blanco, separado todo por espacios exactos y signos de puntuación. Algo que ni siquiera sois capaces de abarcar pensando. Qué atrevimiento. Qué error. Cuánto hay que dejar por el camino, qué corto se queda todo el papel. Pero también entonces, comprenderéis que necesitamos contarlo, para intentar entenderlo releyéndolo o para disfrutar hablando de algo que nadie entiende, que siempre me ha dado mucho gusto. Quizás las dos respuestas sean válidas. Pero sólo por ella.
Tenéis que sentirlo. Y luego, hacemos una involución. Sí, qué coño. La de los sentidos, sensibles, sentimentales, sementales, valientes, heroicos, ciegos, afortunados, felices. La de los apolíticos, la de los simples, la de los luchadores, la de los que apuestan todo porque hay una mínima opción de ganar mucho más. La tuya, le diréis. La de los enamorados. Vamos a contarle al mundo entero que sí cambiamos todo por sólo una, que sí hacemos gilipolleces inmensas, que nos da exactamente igual el resto, que ni siquiera nos acordamos de que seguimos compartiendo cuerpo con nosotros cuando estamos con ella. Que vivimos pendientes de una perdida. Y perdidos por quien está pendiente. Que dormimos con el móvil al lado de la almohada y no con un libro. Que si está ella, con ninguno de los dos. Que hacemos lo que nos pida. Que le pedimos que nos haga mucho y bien. Que no somos nada guays. Que no nos chuleamos de lo que no hacemos. Que reconocemos que dependemos, y con mucho gusto, lo reconozco. En definitiva, que nos desvivimos cada día un poco. Para dárselo a ella. Que cada vez somos menos nosotros y más por ella. Y que ni siquiera hace falta que nos haga caso para todo esto. Que no todo es tan bonito como lo pintan, pero que si lo pintáis vosotros, ya merece la pena. Sí, merece la pena.
Entonces estaréis como este servidor, intentando expresar algo inexpresable soltando sílabas que forman palabras y líneas borrosas a lo largo de un fondo blanco, separado todo por espacios exactos y signos de puntuación. Algo que ni siquiera sois capaces de abarcar pensando. Qué atrevimiento. Qué error. Cuánto hay que dejar por el camino, qué corto se queda todo el papel. Pero también entonces, comprenderéis que necesitamos contarlo, para intentar entenderlo releyéndolo o para disfrutar hablando de algo que nadie entiende, que siempre me ha dado mucho gusto. Quizás las dos respuestas sean válidas. Pero sólo por ella.
Tenéis que sentirlo. Y luego, hacemos una involución. Sí, qué coño. La de los sentidos, sensibles, sentimentales, sementales, valientes, heroicos, ciegos, afortunados, felices. La de los apolíticos, la de los simples, la de los luchadores, la de los que apuestan todo porque hay una mínima opción de ganar mucho más. La tuya, le diréis. La de los enamorados. Vamos a contarle al mundo entero que sí cambiamos todo por sólo una, que sí hacemos gilipolleces inmensas, que nos da exactamente igual el resto, que ni siquiera nos acordamos de que seguimos compartiendo cuerpo con nosotros cuando estamos con ella. Que vivimos pendientes de una perdida. Y perdidos por quien está pendiente. Que dormimos con el móvil al lado de la almohada y no con un libro. Que si está ella, con ninguno de los dos. Que hacemos lo que nos pida. Que le pedimos que nos haga mucho y bien. Que no somos nada guays. Que no nos chuleamos de lo que no hacemos. Que reconocemos que dependemos, y con mucho gusto, lo reconozco. En definitiva, que nos desvivimos cada día un poco. Para dárselo a ella. Que cada vez somos menos nosotros y más por ella. Y que ni siquiera hace falta que nos haga caso para todo esto. Que no todo es tan bonito como lo pintan, pero que si lo pintáis vosotros, ya merece la pena. Sí, merece la pena.
Feliz cumpleaños, inspiración.
viernes 22 de abril de 2011
Y a ti... ¿Qué te da la vida?
Pues bien, podría ser la respuesta a esta pregunta la que englobe todas las razones por las que seguimos adelante. ¿Estás mal? ¿No quieres seguir adelante? Seguro que crees o has creído que la vida es una mierda, que no merece la pena seguir caminando. No te culpo, yo tuve antes que tú dicha sensación, pero no... las cosas no son así. Y son esas pequeñas cosas que te dan la vida por las que empiezas a cambiar la lente a través de la que ves todo.
¿No me crees? Bueno, es respetable. Pero mira, no dejes de leer esto, puede que te termine ayudando. Vale que los tiempos no son buenos, que te puede ahogar un préstamo, un trabajo (o no tenerlo), una ruptura o una discusión. Pero, en serio, eso no es nada al fin y al cabo. Yo empecé a vivir cuando me dí cuenta de que tu día a día se recordará por las sonrisas y no por las lágrimas. La sonrisa del amor, la sonrisa de la amistad, la sonrisa de un triunfo, incluso... la primera sonrisa tras muchas lágrimas, o la primera sonrisa tras mucho esfuerzo. ¿No lo ves cómo yo? Un mal momento no hace más que ayudar a valorar uno bueno que vendrá después. Que sí, que sí, que hablo demasiado y no todo es de color de rosa, claro que no. Pero, no me equivoco al decir que un día no es más largo por muy malo que sea, ¿no?
Mira, te voy a ayudar, te voy a decir lo que me da la vida a mí, y luego... empiezas con las tuyas, ¿de acuerdo?
Me da la vida el baloncesto. No hablo como sólamente deporte, ¿vale? Me refiero a como vía de escape. Cuando estoy/he estado mal, sólo me ha hecho falta coger un balón, e ir a tirar, con mis cascos puestos y la música a tope.
Otra es esa, la música. Blues para curar el dolor, Rap para vivir, Flamenco para el desamor, Rock para saltar o Jazz para escribir. Lo que quieras, lo que te haga falta. Pero música al fin y al cabo. Prescindir de ella sería un gran error, porque es la libertad de los que de verdad escuchamos.
Me dan la vida mis amigos. Las conversaciones de horas sobre nada y todo. Las cientos de carcajadas por tonterías, y las locuras y anécdotas que nunca nos cansamos de contar.
Me da la vida mi familia. Un abrazo de una madre lo puede todo, un consejo de un padre que siempre habrá que recordar, o el paso del tiempo junto a una hermana.
Me da la vida un buen libro, un baño en la Costa Brava, un paisaje de mi Pirineo, una buena barbacoa en el campo, un paseo por mi Zaragoza, perderme bien acompañado por Barcelona, un trago de un buen Whisky, un chupito de tequila sin sal, ni limón, ni gestos;
Y por supuesto, me da la vida ella. Por los momentos, por muy cortos que sean, que me salva. Me saca de aquí, me lleva a su mundo, y me vuelve a dejar aquí mejor que antes. Y porque, sobretodo, es imposible ser un hombre enfadado a su lado.
Y me da la vida escribir. Creía tenerlo olvidado, pero ha sido un gran error. La inspiración es como una planta a la que hay que cuidar. Regarla diariamente con tinta y que le llegue algún rayito de luz, alguna que otra caricia del alma y pequeños soplos de oxígeno de los que la disfrutan. Es así como florece el verdadero talento. No se busca, pero se trabaja. No se crea, pero crece.
Me da la vida perder la inspiración, y que después vuelva de puntillas.
¿Te he convencido? Ahora te toca hacer la lista a ti. A mí me funcionó esto. No sé quién eres, pero si te he ayudado (aunque sea a una única persona) habrá merecido la pena volver a escribir.
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